Julio César Rivas
Toronto, 10 mar (EFE).- Toyota se lanzó al ataque para
contrarrestar las consecuencias de las llamadas a revisión de
millones de vehículos en Norteamérica, pero la tarea está siendo
mucho más difícil de lo anticipado.
Tras reconocer sus fallos, los principales directivos de Toyota,
tanto en Japón como en Estados Unidos, acudieron al Congreso
estadounidense a disculparse ante los legisladores y el público.
El siguiente paso del fabricante japonés fue volver a sus
actividades habituales, producir y vender automóviles, sin mirar
atrás más de lo necesario.
Finalmente, el lunes Toyota lanzó un ataque demoledor contra
David Gilbert, el profesor de ingeniería del automóvil que mostró
ante las cámaras de televisión y testificó ante el Congreso que los
automóviles del fabricante japonés pueden sufrir aceleraciones
incontroladas.
Para ello, Toyota convocó a sus ingenieros y a los especialistas
de una reputada firma estadounidense a la que ha contratado para que
estudie los problemas de aceleración involuntaria en sus vehículos.
Tanto unos como otros declararon que la presentación de Gilbert
era poco menos que un truco de ingeniería y Toyota demostró que
siguiendo los mismos pasos, prácticamente cualquier vehículo de los
principales fabricantes de automóviles del mundo tendría aceleración
involuntaria.
Pero casi al mismo tiempo que Toyota utilizaba el poder de la
ingeniería para intentar tranquilizar a unos y otros sobre la
seguridad de sus vehículos, James Sikes, un conductor de 61 años,
experimentaba precisamente lo contrario en una autopista
californiana.
A las pocas horas de que Toyota terminara su demostración ante
los medios de comunicación, Sikes denunció que su Prius aceleró de
forma incontrolada hasta alcanzar 90 millas (unos 145 kilómetros)
por hora mientras circulaba en una autopista en las cercanías de San
Diego.
Sikes sólo pudo parar gracias a la ayuda de un agente que primero
le dio instrucciones para desacelerar su automóvil y luego utilizó
el vehículo policial para frenar totalmente el Prius.
El incidente de Sikes, especialmente dado el momento en que se
produjo, subraya los problemas que va a tener Toyota para recomponer
su imagen.
Las demandas populares contra Toyota se están apilando en Estados
Unidos (ya son unas 90) y en Canadá (otras dos) lo que le podría
costar al fabricante miles de millones de dólares.
Tras el incidente de Sikes, The Wall Street Journal dijo que
Toyota estaba preparándose para llamar a revisión en Estados Unidos
el Prius de los modelos 2004 a 2009, pero que el fabricante todavía
no había encontrado una solución al problema de pedales atrapados
por la alfombrilla de lado del conductor en esos modelos.
Pero Toyota dijo en la noche del martes que la información es
incorrecta y que no está planeando una nueva llamada a revisión para
esos modelos.
"Para ser claros, el 2 de noviembre de 2009 los Prius 2004-2009
fueron parte de una llamada a revisión voluntaria para responder a
la retención con alfombrillas en algunos vehículos de Toyota y
Lexus", afirmó el fabricante a través de un comunicado.
"El proceso de reparación para esos vehículos empezó a finales de
2009 y está ocurriendo de forma paulatina en 2010", añadió la
empresa.
El problema es que, tras el incidente del lunes, Sikes declaró
que había llevado su Prius al concesionario para que los mecánicos
aplicaran la solución ideada por los ingenieros de Toyota.
Según Sikes, el personal del concesionario le informó que su
modelo no estaba incluido en la llamada a revisión y el Prius de
Sikes volvió a la calle tal y como entró.
Además, Sikes dijo que en su caso la alfombrilla no fue el
problema sino el pedal del acelerador que se quedó atascado.
La Administración para la Seguridad en la Carretera (NHTSA por su
sigla en inglés) y la propia Toyota han anunciado el envío de
investigadores para estudiar el vehículo de Sikes.
Pero con más de 60 informes de aceleraciones involuntarias en
automóviles que han sido reparados, los problemas de Toyota siguen
siendo difíciles de controlar. EFE